¿Qué máquinas faltan en el mundo? ¿Qué tecnologías no hemos imaginado porque no sirven para ganar dinero, hacer la guerra o vigilar?
Este taller parte de una premisa sencilla: científicos y líderes mundiales se han quedado sin ideas, y piden ayuda. Las infancias toman el rol de agentes especiales para diseñar máquinas que no existen aún, pero que podrían cambiarlo todo.
Muchas de las tecnologías que usamos a diario —el GPS, el celular, incluso el internet— fueron inventadas con fines militares. Vienen de una historia donde la tecnología fue pensada para controlar, ocupar, atacar. En este taller nos preguntamos: ¿y si existieran máquinas hechas para lo contrario? Máquinas que sirvan para cuidar, imaginar, jugar, escuchar, desaparecer, hacer nada. Tecnologías que no respondan a una sola forma de entender el mundo, ni a una sola lógica de utilidad.
Durante una sesión intensiva, niñxs de entre 6 y 14 años especularon a partir de preguntas provocadoras y materiales tecnológicos en desuso. No se trató de construir objetos funcionales, sino de dar forma a máquinas afectivas, inútiles y poéticas: un teclado que se humaniza de tanto contar lo que siente, un televisor que muestra sueños desde otras perspectivas, un artefacto que transforma risas en medicina para el sistema inmune...
Algunas máquinas contra el fin del mundo
El taller combina diseño especulativo, pedagogía afectiva y narrativa de ciencia ficción desde una mirada situada.
No se buscó enseñar cómo funciona la tecnología, sino preguntar qué podría ser si no tuviera que vigilar, rastrear, medir, atacar o ser útil.